UnYc – GD. Tenemos un plan.

IMG_6101bNos hemos subido al tren de la creatividad, para que no se diga. No estaba todo tan perdido como parecía cuando hemos sido capaces de adaptarnos a las circunstancias y de exprimir “las otras habilidades” que siempre estuvieron ahí, aunque ninguna orla ni diploma lo atestigüe. Porque somos mucho más que una Arquitecto y una Politóloga/Socióloga. 

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Y después de jornadas enteras pintando, de intensas sesiones de fotografía, de productivas citas para puestas en común… Presentamos nuestros primeros productos en un blog beta, y en un mercadillo público. Las sensaciones son muy buenas, y las primeras impresiones de quienes han visto nuestras piezas de cristal pintadas a mano han estado cargadas de halagos. ¿Te lo vas a perder? ¡Pues visita nuestro blog!

http://unycgd.wordpress.com/

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“Cariño, ¿qué hemos hecho?”

No habían pasado ni 24 horas y ya se había convertido en un Gremli. Yo aún necesitaba semanas para digerir el traumatizante parto, llevaba más de 60 horas ininterrumpidas sin dormir, me preocupaba molestar a la pareja del “otro lado de la cortina”, el dolor y las molestias de la episiotomía eran muy fuertes, y El padre le ponía  un pañal tras otro, arrojándolos al suelo, diciendo: “esta mierda no pega”. Ella lloraba. Se nos ocurrían posibles causas, intentábamos posibles soluciones. Fue el primer día, la primera noche. Ella lloraba. Lloraba mucho.

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“Cariño, ¿qué hemos hecho?”, fue el máximo retrato de la angustia que empezábamos a sentir. El padre me miró con tal desesperación mientras pronunciaba esas palabras que me mordí el labio y acabé riendo.  ¿Loca? Desorientados, cansados como nunca, nerviosos… solos y novatos ante un llanto al que nosotros habíamos dado la vida.

Nunca me cansaré de decirlo: la pa-maternidad es muy compleja.  En el cine, en la televisión, en las revistas, en los libros, incluso en las parejas y familias de nuestro alrededor  la venden como algo maravilloso, incomparable, el culmen de la felicidad. Yo estoy segura de que en realidad no es más que un mecanismo de defensa de la mente para que la especie sobreviva. Además, me demuestra que el ser humano es muy mentiroso.

Detesto la hipocresía.

Siempre admití que la maternidad me vino grande. “¿Cómo te sientes ahora que eres madre?”, “Estoy decepcionada. Había idealizado la maternidad, y ha resultado ser infinitamente más dura de lo que había imaginado”. Y empezaron a surgir de “las tinieblas” madres y padres que me confesaban haber sentido las mismas emociones contradictorias que yo… Vaya, qué calladito se lo tenían cuando sólo narraban el cuento del éxtasis de la felicidad.

La culpabilidad (psicológicamente hablando)

Te han engañado tanto durante toda tu vida acerca de la maternidad, que cuando descubres una realidad distante a la idealizada y esperada, te sientes culpable. Culpable porque no te brotan lágrimas de felicidad, pese a la emoción, cuando ves a tu hija por primera vez, porque mientras te cosen -sin anestesia- el corte y el desgarro del perineo, mareada y extenuada. Culpable porque cuando miras a tu hija al principio, no sientes que es la persona que más quieres en el mundo “¿no se suponía que debería haberlo sentido de inmediato?”, “si es una desconocida para mí”. Ves un bebé, sabes que es tuyo, pero es imposible asimilar todo su significado en  los primeros días. Entonces, piensas que eres una madre horrible, que no sabe querer a su hija como se debe, y te cuestionas por primera vez tu valía como madre. Después te sentirás culpable cada una de las siguientes veces que te vuelvas a juzgar por no saber cómo actuar, por creer haber actuado mal, por sentir una pesada losa de sacrificio cuando deberías estar disfrutando.

¿Pero qué somos, masoquistas?

Por supuesto que no. Y aquí reside la salvación. El tiempo, conversar con madres sinceras y sabias, tus propias reflexiones y lecturas, acaban poniendo todo en su sitio y empiezas a darle a todo su grado correspondiente de importancia, a dotar de nombre y de significado a todas tus emociones, a racionalizar y  aceptar el cambio tan drástico que ha sufrido tu vida. Tu vida como mujer, como trabajadora, como estudiante, como activista, como deportista, como amante…  Sin resignación, con aceptación.

Es entonces el momento de la sublimación. Es necesario reconvertir la frustración y la confusión en un proceso extraordinario y gratificante, para alcanzar un punto de equilibrio en una realidad compleja que cada persona interpreta y vive de una manera completamente diferente.

Maternidades diferentes

No somos iguales. Muchas madres se llevarían las manos a la cabeza leyendo mi experiencia, porque han sido capaces de asimilar desde el primer momento el cambio, o porque su maternidad ha sido más fácil (desde el parto, hasta el comportamiento del bebé, por su predisposición o preparación, por la mayor o menor facilidad para renunciar al desarrollo de las propias inquietudes personales –al menos durante un tiempo-, o porque simplemente tengan más ayuda de la familia).

Afortunadamente, no me considero peor madre que ellas. He llegado igual de lejos con el doble de obstáculos.

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Nota: los pañales sí pegaban, pero él no sabía cómo. Hoy es un padre magnífico.

Por cierto, la respuesta a la pregunta del principio la tenemos clarísima hoy día: lo que hemos hecho ha sido lo mejor de toda nuestra vida.

Lista de la compra sin pañales. Bye, bye pañal!

Qué nervios, es mi primera entrada en el blog más pospuesto de la historia. Qué osadía comenzar tan escatológicamente, hablando de pipí y de caca. Qué desvergonzada, contando facetas tan íntimas de la familia. Qué altiva, presumiendo de un nuevo éxito en el duro camino de la maternidad. Qué me creo yo, dando consejos…

“Pues mi niña aprendió a hacer pipí y caca en un día”. Y  claro, te preguntan “¿cómo lo hiciste?, ¡cuenta, cuenta!”. Y tan harta estaba ya de narrar 24 horas por Whatsapp, que consideré más práctico escribir una entrada completa en mi nuevo blog e inaugurarlo sin complejos.

¿Cómo preparar el “día D”?Byebyepañal

¿Pero se prepara? No seré yo quien se jacte de impulsividad, pero ese día me tiré de cabeza a la piscina. ¿Por qué? Porque me quedaban 8 pañales, era sábado (luego, al día siguiente domingo, y no hay quien se apañe con 8 pañales 48 horas), no tenía ganas de coger el coche para ir hasta el supermecado en el que estaban de oferta los pañales que nuestra economía familiar nos permitía comprar, y me apeteció tantear a Adriana.

Avisé a El padre de sopetón. Tracé un perverso plan en lo que se tarda en buscar información por la red, y forcé al padre y a la hija a seguir cada uno de los pasos.

[No obstante, es muy importante que se destine un fin de semana completo para iniciarles en el arte del control de esfínteres]

Paso 1. Invéntate la canción y el baile del pipí.

Pierde el sentido del ridículo. Nosotros utilizamos como base el ritmo de la canción de los  Fraguels Rock, y la letra tan simple como “vamos a hacer pipí, vamos aaaaahacer piiiiipiiiii” (repeat). Hicimos una fila, y bailamos y cantamos hasta el baño. Sí, Adriana flipaba.

Paso 2. Los niños aprenden lo que ven.

Pierde el pudor. Lo que lees, hicimos pipí con Adriana como observadora, exageramos la gesta (aplaudimos, fingimos que habíamos hecho algo extraordinario con “guaaauuuus” por doquier, nos llamamos campeones, etc.), dijimos adiós al residuo fisiológico y ella miró asombrada cómo desaparecía al tirar de la cisterna.

Fue entonces cuando le propusimos si quería hacerlo ella también. La respuesta fue un sí ansioso. Creímos más conveniente que utilizara el orinal (de Ikea, no hay que complicarse), y allí se sentó un rato. La primera vez el pipí fue imaginario, porque lo único que Adriana hizo fueron fiestas, pero la segunda vez volvimos al paso 1, repitiendo el paso 2 y… lo consiguió. Jugar con agua les ayuda a sentir ganas de orinar, al igual que darles de beber, por lo que le pusimos el orinal cerca y la dejamos chapotear.

Paso 3. Paciencia. Estamos jugando, que es la mejor manera de aprender.

Claro que se le olvidó pedir pipí y se lo hizo encima unas cuantas veces. Por ello hay que preguntarle con mucha frecuencia si tiene ganas, preparar muchas mudas, explicarle con tranquilidad lo que ha ocurrido, recordarle que ya no lleva pañal y que tiene que hacer sus necesidades en el orinal (nosotros fuimos muy simples en la explicación: “ahí sí, ahí no”, “ahí sí, ¡biennn!, ahí no, ¡ohh!”; los opuestos los entiende perfectamente y es fácil trabajar con ellos en muchos casos)

Yo no vi práctico cambiarle de ropa y limpiarle con tanta frecuencia, por eso opté por dejarla desnuda de cintura para abajo. Eso puede hacerse si la temperatura ambiente acompaña, y debes olvidarte de salir a la calle ese día.  Llega un momento en el que ella ha captado tan bien la secuencia, que sin la ayuda de nadie se acerca al orinal bailando y cantando, se sienta (por eso sin ropa también es mejor), lo hace, y nos avisa para que aplaudamos con ella y la ayudemos a verterlo en el WC para decirle adiós.

No olvidemos que lo hemos convertido en un juego divertido, con el que ella se observa a sí misma progresando, del que somos partícipes orgullosos y pacientes, con el que debemos evitar que adquiera miedos, complejos, resistencias, etc.

Importante.

Como apunte, me parece que se pueden evitar complejos y demás problemas posteriores si les dejamos el pañal puesto por la noche una temporada. Adriana me pide el pipí también de noche, y le quito el pañal seco por las mañanas, pero creo que así sentirán más confianza en sí mismos que si algún día amanecen empapados.

Quiero destacar que no existe una edad/momento determinados para quitar el pañal. Ninguna estrategia servirá si el niño/a aún no es aún capaz de controlar sus esfínteres o no es lo suficientemente maduro cognitivamente (algo que forma parte de la evolución natural de cada ser humano, recordemos que somos diferentes). Yo jamás supuse que Adriana lo pillaría a la primera. Si no lo hubiera hecho, le habría puesto su pañal de nuevo y lo habría vuelto a intentar unas semanas después. No hay que tener prisas, sólo sentido común.

Promesa.

Prometo una entrada más práctica/metodológica, con más detalles que pueden echarse de menos. Perdón por las parrafadas, es mi primera vez…

Procrastinación, perfeccionismo y excusas. Bienvenidos/as a mi blog.

No tiene ni patas ni cabeza. Querer y no poder, poder y no querer. Es la lucha constante de quien aspira a hacer las cosas bien -no, muy bien- y que tras el primer tropiezo decide que lo más adecuado es empezar desde cero al día siguiente, y se pasa la vida iniciando, tropezando, posponiendo, y volviendo a comenzar. En busca de la perfección, por el camino de procrastinación, y enredada en mil excusas.

Se acabó. Hoy inauguro mi segundo blog (el primero lo devoró el mal hábito de la perfección inacabada).

Se advierte: soy demasiado transparente, contradictoria, ecléctica y necesito que me quieran mucho, si bien no por ello escribiré lo que se espera leer.

Bienvenidos/as a mí.