Ego-retrato.

[Escrito en enero de 2007]

Qué te parece si nos desnudamos inmediatamente. Pero despacio… Venga… no es la primera vez, tú lo sabes.  Han sido muchas las ocasiones en las que nos hemos sorprendido abrazados, inquietos ante el mundo de sensaciones que se arremolinaba por nuestros cuerpos.  Es cierto que ha pasado el tiempo, pero la penumbra nos protegerá de las dilaciones que la timidez provoque en nuestro encuentro. Si quieres… comienzo yo… y así te recreas un poquito… anímate mientras tanto.IMG_1925

Me suelen querer.  Suena vanidoso por mi parte jactarme de ello, posiblemente me agrade evidenciarlo, pero sabes que tú también, más o menos, me has querido.  Es una suerte, la recompensa de una vida de lealtad, y del ánimo afectivo que desprendo; que tanto necesito… Aunque siempre he pedido mucho, más he disfrutado dando.  Suelo querer prontito; cuando me regalan momentos felices quiero más, y si se olvidan de mí… nunca dejo de querer. Decía alguien, a quien amé más que… a quien amé demasiado, que soy “un saco sin fondo”: siempre necesito más.  Y soy tan afortunada que las deficiencias de unos las he cubierto con los excesos de los demás.

Complicada… tanto que algunos parecen no tener paciencia y se beatifican como si con un Job santo no fuera suficiente. Tener un discurso diferente del habitual a veces me resulta problemático.  Tradición de discurso contradictoria, donde los matices dirimen mi parecer.  Por algo me bautizaron renombrándome Bohemia.  Mujer de rarezas, extravagante, delicada, extremadamente sensible, en un mundo onírico constante, persuasiva, rebelde, sincera con cuchillos ó mieles, y más de mí que conoces o irás descubriendo.

Vasalla del destino, tiendo puentes al futuro.  Me aletargo a la sombra del cariño y crezco agigantada al recibirlo. Lo que me des, te lo devolveré multiplicado, aunque a veces pase demasiado tiempo y se haya hecho tan tarde que sólo el cobijo del mal vivido evacue mi anhelo desesperado de devolvértelo.  Aunque si el destino lo precisa, con creces, en un reencuentro, absorberá tu ser mi aroma arrepentido.

He jugado a ser la protagonista de la historia de mi vida.  Y a veces, como ya Unamuno hizo con aquél personaje, he pretendido morirme. Mi mayor miedo, que es la misma muerte, me ha salvado repetidamente de acometer el deseo, y las lágrimas se han convertido en el sostén prieto donde cesa la lástima y nace el porvenir. Somatizando la angustia vivo mis días, y lo que provoca risa para mí es una condena.

El peso de los errores, me ha reconvertido.  La carga de la denuncia, me ha envilecido.  Reconvertirme me ha enaltecido y quienes denunciaron… saben que son o serán recompensados.

Fíjate, que si desnuda soy así

No debes fiarte de mí cuando voy vestida.

Atrévete a desnudarme y entonces…

[Nota: Por suerte, o por desgracia, las personas cambiamos. Más de 7 años después de haber escrito este autorretrato, soy mucho más feliz, quizá menos compleja, pero igual de apasionada. Aprovecho para dar las gracias a quienes se fueron, a quienes se quedaron, a quienes aparecieron, a quienes volvieron y a quienes hoy permanecen. Porque de todo se aprende, y yo jamás he estado sola.]

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